Conversaciones con el sicoanalista. Parte XIII

March 25th, 2013

Doctor: ay no. No, no, no.

Furia: cállese, doctor. Aquí la que paga para hablar soy yo. Y pago bastante, por cierto, sin que usted facture: así cualquiera.

Doctor: mala actitud. Pésima actitud.

Furia: no joda. Escuche. Ustedes, los hombres, son todos iguales. Lo que buscan es un oído para descargarse. Todos quieren un oído para descargarse, pero están sordos.

Doctor: anda muy preciada, señorita.

Furia: y usted muy idiota, doctor. Ahora déjeme hablar, que aquí mi tiempo vale oro, literalmente.

Doctor: de acuerdo, de acuerdo. Cuénteme, señorita, ¿qué pitos toca?

Furia: I see what you did there. De momento, ninguno. Estuve tocando un pito recientemente, doctor. Pero el muchacho salió pendejo.

Doctor: ¿ah sí? ¿Y con qué pendejada le salió?

Furia: una de las típicas, doctor. Típica de mocoso majadero. De los que prometen hasta que meten y una vez metido, olvidan lo prometido.

Doctor: se le sale el ramonense por todas partes, señorita…

Furia: ¡Silencio! Véame, doctor. Soy una mujer interesante, madura, profesional. ¿Por qué tengo que sacrificar mi inteligencia en aras de la felicidad?

Doctor: ¿a usted le parece que las mujeres tontas son felices?

Furia: ¿Y qué otra cosa podría estar pasando, doctor? Yo lo que necesito es una sicóloga. Usted es una bestia.

Doctor: la percibo premenstrual, señorita.

Furia: y yo a usted lo percibo impotente, doctor. Pero no es de eso de lo que venimos a hablar, ¿o sí? Le pongo este caso: ayer justamente iba yo por la calle, un poco acongojada porque todos los hombres son unos animales, y me topo con esta chica que fue mi compañera en el secundario. ¿Qué cree? Se casó con un médico pro-vida. Tiene tres hijos. Se aguanta todo el día la cantaleta de un zafado que reniega contra los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. ¿Y qué le parece? Se ve contenta. Se siente contenta. Se le sale la contentera por los poros. Si yo fuera así de idiota sería muy feliz.

Doctor: y no tendría que venir aquí, señorita. Siempre se lo he dicho: busque la felicidad. No la rechace, no reniegue de ella.

Furia: doctor, usted es una completa bestia. Pobrecita su mamá.

Doctor: otra vez con mi mamá. ¿Qué es lo que tiene con mi mamá?

Furia: sin duda alguna, mucho menos de lo que usted tiene con ella, doctor.

Doctor: déjeme en paz. Usted es así, una solterona amarga. Una frustrada. Una histérica que se hace la interesante. Pero en el fondo, los dos lo sabemos: ¡usted no quiere coger con nadie!

Furia: veo que se proyecta, doctor. Lo veo y entiendo que usted no toca pitos ni pitos le tocan.

Doctor: váyase al carajo, señorita.

Furia: depende, doctor. ¿En el carajo habrá hombres que una se pueda tomar en serio?

noche tibia

March 20th, 2013

Mi pasado fue

tan poco prometedor

como tu futuro.

Amigas

March 12th, 2013

Todas queríamos ser la misma persona

Para gustarnos entre nosotras.

El tiempo era una carrera en la que

competíamos por ser la más parecida a las demás

y un día, cansadas, mirando hacia atrás

descubrimos

lo diferentes que éramos por dentro

y lo iguales que nos veíamos.

En el fondo,

luchábamos por preservar

entre todas

un solo rostro, uno solo

que no se nos fuera de las manos.

Sin saberlo nos preparábamos para hacernos grandes.

Sin saberlo nos preparábamos para hacernos únicas.

 

Palabras mayores

February 25th, 2013

Sueño todas las noches que nos vamos. Estamos todos, hacemos maletas, vos del otro lado del cuarto, en medio todos los olores viejos, sin verse nadie la cara, como en la noche cuando nos besábamos a oscuras y el cielo tenía un hueco en el centro.

Lo siento. Se me duerme la lengua y me rasco por fuera, el cuello, la papada, ni siquiera es como que duele: solo incomoda. Los ojos muy abiertos, recoger las cortinas. Me fui dos veces, la segunda para siempre y aquí, en medio de la noche serena, me parece que todo se agrieta y que vos tenés lo que te merecés y yo no extraño el olor a humedad de las paredes.

El tiempo de los vencidos

February 20th, 2013

Cuando por fin la calma destierra todos los miedos, el cuerpo adopta una postura que cansa: la postura holgada de quien no está siempre alerta. Años de hombros tensos, de manos crispadas, de dientes apretados.El cuerpo duele con la ausencia de preocupaciones, con la falta de otros dolores -de corazón, pongamos-. No tener de qué preocuparse es preocupante. Se sospecha de ausencias inminentes, el cuerpo se niega a la postura reposada, se mira con desconfianza la tranquilidad del otro, las voces lentamente van poblando de nuevo la casa. Los vencidos comparten tiempos y espacios muertos. Se van pero quedan, dejan al menos un rastro. Está el olor inmundo de los amaneceres tristes, la mancha en el cristal de la esperanza, el charco de lo que nunca se dijo, las palabras que quedaron guardadas. Entonces, para vencer el silencio del sosiego, los vencidos inventan nuevos fantasmas que les hablen al oído. Ganar, perder: todo igual, todo inútil.

Mudanza

February 2nd, 2013

Lo más difícil de empacar es el corazón. A ratos se resiste, se sale de la caja, busca una hendija debajo del piso de madera y se esconde. Ya se sabe: el corazón está habituado. Hay que convencerlo como a un niño, hablarle de las bondades de los aires nuevos, recordarle que esa casa, ese cuarto, esa sala… Decirle que no es necesario hacerlo todo mal todas las veces, que las ventanas amplias son difíciles de limpiar pero dejan entrar más luz. Que el pasado acaba de ser y será para siempre. Que ser feliz es hoy y no otro día. El corazón cede: nadie lo conoce mejor que su propio dueño. Y una vez que ha superado la prueba, sin morir en el intento, es más fácil poner todo en una caja, gatos, perros, libros, platos. Galopar hacia los anhelos que estuvieron suspendidos por eternidades. Abrirse con llaves nuevas para que entren, de golpe, otros corazones desbocados. 

I felt your shape

January 12th, 2013

Nosotros es aquella historia que solo puede contarse en primera persona: las gotas cayendo sobre las cuerdas, veintitantos años a cuestas, el corazón en una bolsa de papel. No hay mucho más, solo una calle larga, que se acaba después de varios años de espera. Lo que sigue es previsible: saludarse como gente que nunca se tocó por dentro. 

Algunas veces la historia la cuenta alguien más y yo solo observo de lejos: lo que no fue no será. Whisky, alegrarse porque el dolor no fue mortal, esperar lo peor y hacerse a la idea. Durante algunos años, la idea se me hizo eterna. Cómo dos extraños nunca dejan de serlo, y solo necesitan tiempo para volver al mismo lugar en el que comenzaron. 

Nosotros es una categoría etérea, en la que cabemos usted, yo, toda la gente que estaba en el mismo salón esa misma noche. En nosotros cabe lo desconocido e irónicamente no hay cabida para su mano tomando la mía nunca más, porque tiempo es lo único que se necesita para que dos extraños nunca dejen de serlo. Sentarse a sentir formas raras, una mano entre las manos por ejemplo, es saberse perdiendo e insistir en el juego, como solo hacen los obstinados, los idiotas y los enfermos.  

Town called Malice

December 2nd, 2012

De lejos, los pájaros que te vuelan alrededor de los brazos me llaman con un silbidito apenas perceptible. Hace mucho que no escribo, que no te escribo: te imagino muy en la otra vida, aquella que teníamos juntas. Te fuiste con los pájaros volando y todo fue silencio por un rato. Me cansé de imaginarme cómo sería tu vida, esa otra vida que llevás. Nunca fui a verte porque me aterraba -me aterra- descubrir que efectivamente era mejor irse, aprovechar uno de esos viajes de trabajo para conocer a un chico, salir a beber martinis secos en otra parte, abrazarse con las manos heladas y dejar atrás todo lo que no nos gustaba, lo que sigue sin gustarnos.

Ya nunca escribo. Se me enredan las manos encima de las teclas, me duelen las yemas de los dedos después de un día entero de amasar galletas. La vida que yo quería era esta: una ciudad no muy pequeña, perros, gatos, un patio, cocinar cantando y poder usar vestido todo el año. El tren en que te fuiste lo perdí hace mucho tiempo, hoy hace frío y no puedo ni hacerme una idea de cómo tenés el pelo. De si me seguís queriendo. De si alguna vez volveremos a vernos.

Te extraño como extrañamos el mar: con ese miedo frenético al calor, el sudor y la arena mezclados sobre la piel de la frente. 

Corazón y casa.

November 14th, 2012

Aida, María, Noris,  Morena, Edis. Otra María. Un montón de mujeres cuyos nombres no recuerdo. Cristina. Griselda. Son montones. Se quitan los aretes para regalármelos. Me dan abrazos de madre. Me tratan como si nos conociéramos de toda la vida. Están felices de conocerme. Afuera, en la calle, hay otros tantos cientos de gentes que no conozco esperándome: así me sentí la otra vez que estuve en San Salvador, así me sigo sintiendo. En la puerta del hostal, un guarda de seguridad con ametralladora en mano me regala la más bonita sonrisa. Me pregunta que de dónde vengo. Me cuenta historias del barrio.

El color del cielo es tibio. Árboles de mango, de manzana de agua. Señoras vendiendo almuerzos en las esquinas a 1,25 y 2 dólares. Mango en bolsa con limón, sal, chile y salsa negra. Semillas de ayote tostadas y hechas polvo. Loroco tierno, queso duro y blando. Pupusas mixtas de hierba mora, espinaca y chipilín. Pocos perros abandonados en la calle. Galón de gasolina súper a 4 dólares. Calles demarcadas. Dos planas del periódico retratan a 300 de los más de 1400 desaparecidos del año. Más de mil y el año aún no se acaba. Y por encima de todo eso, la confianza: saludar a desconocidos en la calle, sonrisas tibias, gente que no le tiene miedo a nada.

Gente que predijo un terremoto luego de que en el 2001, el 13 de enero, otro terremoto más fuerte, de 8 grados, sepultara la colonia Las Colinas con cientos de personas adentro. A ver si me explico: el 13 de enero de 2001, un terremoto de 8 grados acabó, básicamente, con todo. La gente, creyencera por naturaleza, comenzó entonces a hablar de otro terremoto. Un terremoto que vendría, para ser exactos, el día 13 de febrero del mismo año. Y para que no quedaran dudas, la predicción no era invento: un niño muy feo, horripilante, recién nacido, dijo que temblaría. Así como lo lee: el niño nació y era tan, pero tan feo, que los presentes no pudieron disimular su sorpresa: “más feo que yo es lo que le va a pasar a El Salvador el 13 de febrero” dicen que dijo. Y conozco gente que escuchó la historia de primera mano: un grupo de estudiantes de la UCR viajó en bus hasta El Salvador luego de la primera catástrofe, a hacer trabajo voluntario. Y justo el 13 de febrero, cuando ya estaban alzando petates para regresar a Costa Rica, les tembló. 6,9 grados. Apenas para que lo recientemente levantado volviera a caer. Apenas como para comenzar a creer en dios.

La UES (Universidad de El Salvador), ostenta todavía las cicatrices del terremoto. Las cicatrices se llevan en el corazón. Acaba de moverse la tierra en Guatemala, tan fuerte que nos tembló como si fuéramos epicentro. Tan fuerte que la gente salió corriendo. El susto, el recuerdo. La memoria de la tierra que arranca a pedazos los cimientos de las casas. Que desbarata cuerpos con violencia, la misma violencia de la que me cuentan los más de mil desaparecidos del año, los rumores de mareros de cara tatuada que roban mujeres para descuartizarlas.

El Salvador, con la cara lavada por la desigualdad y la guerra. Con ruralidades plagadas de gente armada. Con mujeres que me abrazan como si fueran mi abuela. Pupusas tibias, jugo de naranja. Lugar donde las desigualdades se palpan, más allá de la sospecha. Y el sinsabor de regresar a casa y que nadie, ni siquiera la muchacha del súper del barrio a quien veo al menos dos veces por semana, me salude con la alegría legítima de la gente que se conoce de toda la vida o sabe que la vida es muy corta como para andarse desconociendo. 

 

 

Know-How

September 30th, 2012

Nos miramos a los ojos y no hay mucho más qué decirse:

el tiempo, que pasa lento cuando llueve, se nos hace corto.

Se me hace tan corto el tiempo que somatizo los deseos.

Quiero. Quiero ya. Querer.

Querer no es poder. Querer es querer.

Quererse.

Querernos.

Me levanto sabiendo que, aunque nunca antes he estado aquí, ya sé lo que se siente.

Que el rumbo natural de las cosas lleva a la gente al lugar que le corresponde.

Que hay dolores que se sienten en el corazón y dolores que se sienten en todo el cuerpo y otras partes.

Que algunas lágrimas son más importantes que otras.

Que alguna gente, o la idea que tengamos de ella, se merece más nuestro llanto.

Que algunas penas no se van con los años.

Y que algunas alegrías no fueron hechas para caber dentro del cuerpo.