Los 30 son los nuevos 15

February 8th, 2010

Y supongo que  le seguiré votando a la izquierda, aunque las galletas estén a la derecha.

Feliz cumpleaños a mí.

Conversaciones con el sicoanalista. Parte II

February 2nd, 2010

Doctor: Entonces, señorita, los treinta años. Es normal, a todas les pasa. Es una patología con nombre: crisis de los treinta. Repita, sonoramente.

Furia: No sé, doctor. No sé.

Doctor: ¿Cómo que no sabe? ¿Cómo que…?

Furia: a ver, doctor… piénselo…

Doctor: ¿Qué voy a pensar yo, ah? Usted es quien tiene que pensar. Los treinta. La crisis. Además, a todas luces, se siente gorda.

Furia: ¿Que yo me siento gorda? Nunca, doctor.

Doctor: Se siente gorda, señorita. Vea esos pantalones que se puso, esa camiseta holgada que le cuelga de los hombros. Un hombre sabe que cuando una mujer se pone ropa que le viene grande es porque se siente gorda.

Furia: Ya veo…

Doctor: ¿Qué ve? ¿Por qué me habla con ese tonito mordaz? Usted, evidentemente, tiene un problema de egomanía severa: solo piensa en sí misma. Como si el mundo girara a su alrededor.

Furia: ¿Y no gira?

Doctor: ¿Ve lo que le digo? Crisis de los treinta. ¿Ya decidió cuántos hijos quiere tener? ¿Con quién va a tenerlos? ¿Cuándo va a tenerlos? CRISIS DE LOS TREINTA.

Furia: ¿Y usted en qué crisis está, doctor? ¿En la de los 60?

Doctor: Váyase a la mierda, señorita.

Furia: Páguese a ver, doctor.

***

January 26th, 2010

En el bar, un muchacho se me acerca a las piernas con cara de ebrio. Se comporta como si debiera conocerlo, pero como no lo conozco se hace el interesante y levanta su botella saludando. Lo miro intercambiar con otro tipo palabras que el ruido del altoparlante no me permite escuchar. Luego se vuelve hacia mí y dice y, son las mujeres las que me tienen así. Ante la mirada inquisidora que le devuelvo explica: nada, que me acaba de decir mi amigo que me veo muy bien, y yo le he dicho que son las mujeres…  las mujeres, que me tienen así… En fracciones de segundo pienso mil cosas que van desde boludo hasta cómo se le ocurre a este zonchazo que lo primero que me va a  decir en la vida, la frase con la que va a romper el hielo es “que las mujeres lo tienen así”… La mierda entera. Silencio. Sonrisa maliciosa. Y la respuesta A mí también, le digo mirando hacia otra parte. Cuando me vuelvo no está. Y el resto de la noche me mira las piernas con una mezcla de odio, envidia, asco e incomprensión.

***

Tengo una larguísima lista de proyectos maravillosos engavetados en un mueble de mi cabeza. Peluches de monstruo, libros maravillosos, jaleas de especias, vestidos de seda, restaurantes gourmet, blogs de opinión, investigaciones en línea, carreras de cintas, maestrías, viajes al más allá, visitas a las islas griegas… En el mueble se cubren de polvo y yo me repito que un día, sí, un día, va a salir todo. Que voy a sacarme las telarañas de una vez por todas y que cuando aprenda a ser feliz sin postergar podré comprometerme conmigo misma y recuperar todo el tiempo perdido. Pero de momento lo único que puedo hacer sin caer en el vacío de la desesperación es hacer planes, mantener con vida a dos perros y una violeta y levantarme todos los días sabiendo que tengo que entrenar para una media maratón que se acerca.

***

Cuando comencé este blog tenía muchas cosas qué decirle a un muchacho que me había atropellado con su estupidez crónica. Ahora nunca lo actualizo porque hay un muchacho al que le digo todo lo que me gustaría escribir. C´est la vie.

Los márgenes

December 14th, 2009

El pasado I.

Detrás de la puerta de la cocina golpea la brisa de la tarde. Yo estoy sentada en sus regazos, él está sentado en la esquina, con la espalda contra la pared. Sopeso el calor de su mano sobre mi pierna de 16 años, mientras finjo que sí quiero que sea él quien me  coma el virgo. Ese muchacho, un poco mayor que yo y siempre muy dado al amor dramático, ahora tiene un hijo de 13 años que bien pudo haber sido mío. Nos topamos poco, y él me parece un poco triste. Y yo no tengo un hijo de 13 años, no puedo explicarle bien qué hago de mi vida y en medio de nosotros, como siempre, se abre un abismo de profundidad increíble, igual que el día en el que nos chocaron las palabras contra vidrios y me fui sin mirar ni una vez atrás pero con la seguridad absoluta de que él estaba llorando. Como esta tarde.

El pasado II.

Yo nunca quise, ni por un acaso, que las cosas terminaran de esa forma. He construido innumerables estructuras de papel sobre pisos falsos, a la intemperie, y todas terminan irremediablemente rotas a manos de algún malentendido, de algún inepto, de algún fracaso. No ha habido excepción para confirmar la regla: siempre entré al partido con dos jugadores menos, con las piernas cansadas, en cancha ajena, con la afición y el árbitro en contra. Pero hubo una sola vez en la que iba ganando a cinco minutos del pitazo final, y estuve, cual cartaga, a punto de creérmelo. Esa vez bastó un descuido para  volver a casa y encontrar mi estructura regada por el piso, 2 a 1 en tiempos extra, mi tristeza a cuestas, un poco de frío, volver a fumar y el sueño recurrente en el que él me decía que todo había sido un malentendido, que regresara, que me quería mucho… Nunca más y todavía.

El pasado III.

Esta soy más bien yo que acecho. Ella me mide y remide mientras lo sujeta con fuerza del brazo. Y no puedo disimular la sonrisa maléfica. Me mide. La analizo desde diversas perspectivas en las que ella está más flaca, pero yo más rica. Ella está más joven, pero yo no tengo acné. Ella está más morena, pero yo tengo la piel de un solo color, de arriba a abajo, comenzando por la cara. Me odia. La odio. No la odio: me da lástima. Y supongo que es igual para ella: que para ser pasado, ojalá haber sido peor.

Los márgenes.

En la noche me entra el frío de la cama sola. Nunca más mía (la cama) que hoy.

El futuro.

Nunca sale bien lo que se planea, que en este caso es igual que no llegar a ser. O a estar, que no es lo mismo. Pongamos que un muchacho me sopla levemente el cuello en la cola del banco. Me volteo y lo miro. Él sonríe. Yo sonrío. Afuera hace sol. Después uno está viendo llover en la cama del otro. Y al día siguiente hace irrupción en nuestras vidas la certeza de los márgenes. Y del otro lado de la línea nadie contesta. Y nadie quiso hacerle daño a nadie pero al final nos hicimos mierda los dos. Y antes de que todo eso pase, mejor hacerse a un ladito y en el camino decir algunas cosas que duelan, como idiota, la próxima clase te la cobro, o yo no estoy enamorado de vos. Y antes de que todo eso pase, decir que soy fría. Para después no darme golpecitos furiosos en la sien repitiendo que todos hacemos aquello que nos prometimos no hacer más, nunca más en nuestra vida. Todo por planear, como si no se supiera que así las cosas siempre salen peor que mal.

Ser y/o estar

December 9th, 2009

Yo a la histeria la conozco de primera mano. La conozco hasta en primera persona, si se quiere. Decir amigas ya sería estar exagerando, pero al menos hemos estado en la misma habitación, a la misma hora, frente a frente, sacándonos la lengua, mirándonos de arriba a abajo, cuchicheando sobre la otra al oído de una amiga, pavonéandole al mismo chico, mintiéndole al hombre que amamos.

Nos llevamos más bien que mal casi siempre, a veces hasta pasa por casa temprano, en sábado, y me deja una caja de chocolates rellenos de frambuesa, y no se cuida de cerrar la puerta cuando se va. Una vez llegó a buscarme un chico que no debía dejar entrar a mi casa. Era guapo y tímido (de los peores) y yo había decidido ni siquiera contestarle las llamadas, hacer caso omiso de sus correos, darle la espalda en las fiestas… Ese día ella justo había venido a traerme una caja de helados de cereza -le encanta la idea de verme gorda y triste, lloriqueando frente al espejo porque no me cierra mi falda favorita. Vino, dejó el helado, me dio un pellizco en el brazo y se fue muerta de risa. Y en el preciso instante en el que yo le hacía señas para que le dijera al muchacho que yo no estaba en casa, miró hacia otra parte, haciéndose la tonta, y le dijo que obvio, que claro, que pasara, que yo estaba adentro. Yo estaba adentro, con mi caja de helados. Y lo que pasó después era previsible: primero me comí al chico, luego me comí el helado, y ella terminó saliendo con él a las dos semanas, mientras yo en casa trataba de hacerme entrar en la falta favorita y lloraba un poco borracha pensando que a esas amigas es mejor tenerlas un poquito de lejos siempre que se pueda.

Hace un par de años, por ejemplo, me presentó al hombre más inteligente del mundo, a sabiendas de que yo estaba con otro. Hacía días que me venía sospechando su siguiente movida, porque como ella es volátil siempre me envidia un poco la capacidad para las relaciones largas y estables. Me presentó a este tipo que inmediatamente se convirtió en la persona más inteligente que conozco. Nos invitó una cerveza y se fue con un fotógrafo que  había conocido esa tarde en un bar y que según me dijo, le iba a hacer unos desnudos artísticos. Yo me quedé con el inteligente, abriendo mucho los ojos cada vez que él abría la boca para decir algo. Me emocioné tanto que olvidé hablarle de mi novio. Me invitó a salir de nuevo y le dije que sí sin pensarlo, y al día siguiente estaba inventando una mentira sí, otra no, para poder verlo de vez en cuando tratando de no contarle a uno que estaba emparejada y al otro que tenía un amante. Estuve así, por culpa de la histeria, como diez meses enteros, hasta que un día mi amante se quiso convertir en novio y tuve que decirle la verdad. Ella se moría de risa del otro lado de la línea, mientras yo le contaba en secreto, no le digás a nadie que me moría por estar acá y allá al mismo tiempo, y que me parecía muy injusto haberme tenido que conformar con una cosa cuando habría querido otra, y que una vez que uno ha estado allá, la certeza de  no poder estar en paz acá se convierte en latencia, y… Calláte, que me volvés loca dijo la hijadeputa. Estar, evidentemente, no es tu problema más grave.

Desde entonces no la llamo, ni le contesto los mensajes, y cuando alguien me pregunta, cuento una historia de estas para hacer énfasis en por qué hablo de ella con conocimiento de causa. No hay como saber a qué atenerse.

* De la serie “anotaciones para extensión posterior“.

Anotaciones para extensión posterior

December 3rd, 2009

* No me sienta bien decir mentiras: se me quedan pegadas en los párpados y luego, en la noche, me pesan los ojos.

* No poder estar en dos lugares o más a la vez me atormenta al borde del colapso mental.

* Ninguna palabra que le diga a Popepa podría cambiar el curso de las cosas: estamos en medio de una tormenta, en el agua, sujeto su brazo con fuerza para no perderlo, y luego me doy cuenta de que si lo suelto, tal vez me salve. Lo suelto, me salvo, y hoy no puedo caminar con la cabeza en alto.

* La sensación de que algo malo debo estar haciendo para que me duela la cabeza de no pensar…

* Estoy resentida con el paso del tiempo, que no me ha perdonado ni un solo minuto perdido en los últimos 5 años.

* No me sienta bien decir mentiras: pero las digo cuando me las piden unos ojos tristes.

Conversaciones con un sicoanalista

November 25th, 2009

Doctor: Y bien, señorita, dígame… ¿cuál es su bebida favorita?

Furia: mmm… déjeme ver, doctor. Desde siempre, me gusta la cerveza. Y he bebido vino con la comida durante años. Pero para salir de juerga, prefiero el whisky… Ahora, si me pregunta qué tomo últimamente, creo que mucho martini. Pero martini seco, doctor… nada de esas mierditas de colores que toman las chicas cosmo… ¿me entiende?

Doctor: sí… parece que hay una intención clara por esconder la feminidad, señorita. Y también es evidente que usted no sabe lo que quiere, en general: sobre todo, parece que no sabe quién es, ni para dónde va.

Furia: mmm… ya veo.

Doctor: piénselo, señorita: a usted qué le gusta más ¿cocinar o comer?

Furia: me gustan ambas cosas por igual, doctor.

Doctor: no, no, no. Mal. No se puede tener todo en la vida: usted, o se casa, o no se casa. Pero no puede hacer ambas cosas a la vez.

Furia: ya… Sí, supongo doctor.

Doctor: ¿supone? No, no, no. Uno NO supone. “Suponer”… ¿qué es “suponer”? Piénselo bien… su problema, evidentemente, es que usted da las cosas por un hecho, no las cuestiona, no las deconstruye…

Furia: ya… Pensé, doctor, que mi problema era que no sé lo que quiero…

Doctor: ya nos estamos entendiendo…

Furia: supon… es decir. Sí, doctor. Creo que tengo razón.

Doctor: por supuesto. Es decir… no. O sea, usted me entiende.

Furia: y usted se entiende. Supongo.

Common facts

November 23rd, 2009

Me repito que todo va a estar bien. Pero tengo frío. Y hace como mil años que el teléfono no suena.

Datos inútiles. Parte I

October 30th, 2009

* Entre las cosas que más me recetan los 1001 comentarios de spam esperando moderación que hay acá adentro, está la amoxicilina. Esta cosa, que es una amino de penicilina, no solo se usa para infecciones humanas: también la recomiendan los veterinarios para tratar infecciones en bichos. Entre los efectos secundarios hay cosas tan asquerosas, que prefiero ser comida viva por una bacteria antes de amoxicilarme… Luego está el zovirax, que según entiendo sirve para tratar el herpes genital. O el spam que firma con una cuenta de canal porno en el que la gente sube películas caseras de relaciones incestuosas… Y además, un montón de prostitutas rusas que dejan ligas a sus videos. Yo todavía no he sido vetada en ningún telecentro por el parental control, como para que las “malas palabras” jalen todo eso hacia acá. Será el mal karma…

* Nunca he conocido a una sola persona de la cual me haga amiga por la vía de una lista de correos. Está, por ejemplo, la historia del tipo al que una buena amiga incluyó a una lista en la que ponía cosas sobre el TLC. El tipo, muy molesto, daba “responder a todos” cuando mandaba de vuelta sus argumentos libertarios sobre derechos de autor, ley de telecomunicaciones, minería… por joda, le respondí en un correo que su costumbre era maleducada y molesta. Me respondió que yo era una “tonta de izquierda bananera”. Si hubiera conocido el Zovirax en ese momento, le habría respondido algo de tipo sos un purgante, andá a tomarte tu zovirax… Pero no conocía ese insulto y me limité a bloquearle los mails. Me ha tocado todo tipo de gente dunda, que aparece de rebote en las listas, y responde a todo como si las listas fueran de discusión. Yo, al igual que le explico a mis alumnos de 9 años del curso de web 2.0 que escribir todo en mayúscula es de mala educación porque en modales virtuales eso significa hablar a gritos, trato de explicarle a algunos lo molesto que es el impulso de “responder a todos” en la mensajería electrónica. Pero a mí nadie me entiende: siempre me tratan de pesada y lo hacen agregando en la lista a toda la otra gente, para que se enteren de que yo hago comunicaciones excluyentes y ataco personalmente - y en secreto- a los demás.

* Cuando tenía 6 años, estaba segura, segura, que de grande quería ser bailarina exótica. No sabía qué significaba eso, pero me sonaba tan bueno como bombero, o tal. Seguro lo de exótico lo asociaba con algo ruso, o turco… no sé. El sueño se me acabó cuando lo de Marco,  y la verdad es que nunca aprendí a bailar. Ya por esa época, en secreto, las Misfits me caían mucho mejor que Jem. Las cosas no han cambiado mucho desde entonces. Sin embargo, ha días en los que me levanto como añorando a la barbie que nunca me gustó: no porque le envidie al novio sin pene que venía en la caja, ni porque ella tuviera menos panza que yo. Me repito que todo es parte de vivir en sociedad, y me quedo mirando la tele en vez de ir al té de cocina de miprimalaquesecasa: Yo a mi media mitad tengo la certeza de poder reemplazarla con la mitad de una pinta de helado de chocolate. Cada cosa tiene lo suyo.

Retrato de muchacha en tranvía, sentada del lado de la ventana

October 2nd, 2009

Sobre la mesa, descansa el vaso olvidado de mermelada. Sin tapar, como siempre, y con una mosca grande, de alas azules, escarbando con sus patas peludas por encima la tapa. La tostada sigue en el suelo, con la mermelada de cara al piso. Usted, sentado en la silla de hierro que da a la puerta de atrás, tal vez espera a que el perro se coma la tostada, o a que yo la recoja. Ninguna de las dos cosas pasa: el perro está en el patio, en febril lucha contra un helecho medio seco. Yo estoy  en el baño, y acabo de abrir la ducha.

¿Que por qué conozco la posición exacta de la tostada esa? Acabo de pasar de nuevo a su lado, intentando rozarle el brazo con las dos nalgas. Como tocar a un muerto: nada. El vecino escucha una canción pésima, interpretada por Mercedes Sosa. Yo la tarareo sin querer, y sé que la seguiré tarareando el resto del día. Cuando salgo del baño usted se mantiene ahí mismo, donde lo dejé. Sigue mirando hacia quién sabe donde, y pensando en quién sabe qué.

Me apuro un poco con la ropa sucia, la secadora de pelo, los zapatos que no me voy a poner. Siempre me toca salir corriendo, mientras usted se toma todo el día, todo, para decidir si sale corriendo o no. Lo que dicen de nosotros, el reflexivo y la pragmática; el pasivo y la dominante; el lento y la rápida. Salgo corriendo, sin pensarlo mucho. Me olvido de su tostada, de darle un beso y desearle un buen día, de limpiar la meada del perro.

La pragmática. Ser como soy y lo que eso implica, Jake. Estar con usted porque es práctico: casi no habla, nunca pregunta nada, siempre se queda mirando cómo me voy y ya. Sus manos de dedos largos, esa manía de desarmarlo todo nada más para ver cómo era por dentro. Su lentitud, siempre reflexiva, siempre perezosa, que ha hecho que la gente dude de su existencia en mi vida porque nunca,  por nada, nos asomamos juntos a la calle. Estoy sin estar Jake. Porque ya lo decía mi abuela, que las aguas mansas. Porque no puede ser posible que no haya factor sorpresa en su vida. Porque tiene que llegar el día en que abra los ojos y vea.

Tengo, en el armario del zaguán, una maleta a medio hacer. Siempre que necesito algo lo saco, y después vuelvo a meterlo. Porque sé que un día de estos, cuando llegue cansada del trabajo, usted va a estar súbitamente despierto, con una mujer muy guapa entre los brazos. Porque nadie puede ser tan sospechosamente aguamansa…

Cuando comencé a vivir sola, Jake, dejaba al pequeño perro ahí encerrado, haciendo desastres. Me gustaba imaginar cómo se portaría el perro una vez que la puerta se cerraba a mis espaldas. Pero siempre tenía un poco de prisa, así que nunca me fijé. Ahora que estoy en la calle, mi abuela me dice al oído lo del agua mansa, y me dan una ganas tremendas de devolverme sobre mis pasos para ver, si de una vez por todas, si usted se levantó a juntar del piso esa puta tostada.

Pero ya es muy tarde, Jake: o tal vez siempre lo fue.