Archive for the ‘furiosidades’ Category

Ecuación de Dirac

Wednesday, March 26th, 2014

Ahora vivo más y escribo menos. El corazón me cabalga despacio, igual que cuento despacio las gotas de agua que caen sobre mis pies mientras baño a los perros. Yo sé, me digo. En el fondo siempre sabemos. Esperé sin esperanza que el viento llegara al lugar del que se devuelve. Esperar sin esperanza es como caer de rodillas ante la inmensidad del futuro cuando la ansiedad es un momento incontrolable y las mandíbulas duelen de cerrarlas con fuerza para no gritar frente al pasado que no vuelve. Es de mañana y la alfombra pica bajo mis pies. Afuera hace ese mismo sol tormentoso de todos los veranos, que se acerca a lamer las manos cansadas y juguetea con los recuerdos desteñidos de cuando éramos felices juntos. En realidad nada ha cambiado: solo la sensación de que el ahora es más que nunca y todavía no se acaba.

Mundo real

Thursday, February 20th, 2014

El silencio siempre es cómplice

de lo que pudo ser y no fue.

Coming home, baby now

Wednesday, December 25th, 2013

Espero a la mujer de mi vida sentada en el rincón de la casa que preparé para leer mil libros.

Cada día le temo más a los aviones. A las calles empinadas. Al paso del tiempo.

Me gusta el frío de diciembre que choca contra las ventanas.

Pasear a los perros. El agua bajo las plantas de los pies.

Cada mañana, cuando el olor a café en la mesa de noche me despierta,

pienso en ella.

Los libros, el rincón, la casa:

la mujer de mi vida viene, se escuchan sus pasos en la antesala.

This is what it is.

Sunday, December 8th, 2013

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Ayer me casé con el hombre al que amo.

Que se queme el mundo.

Do you realize?

Monday, August 19th, 2013

La gente de mierda también es capaz de hacer cosas bellas.

No se culpe a nadie por la equivocación.

Esa canción, por ejemplo: un tipo de mierda se la compuso a mi amiga.

Nos derretíamos juntas cuando se la cantaba en concierto.

Después lloramos juntas mientras buscábamos un apartamento nuevo para ella.

Luego, en silencio, lo maldije por ella cuando lo escuché cantar la misma canción al oído de otra muchacha.

La gente de mierda hace cosas hermosas.

Por la equivocación no deberíamos culpar a nadie.

 

 

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Saturday, August 3rd, 2013

Mirar hacia adentro. Sin puta idea de lo que pasa por otras cabezas.

Usted, yo, nosotros.

Nunca tanto malentendido junto,

Nunca tanto juicio.

Nunca pensar, por accidente,

Lo imbéciles que nos vemos

al hacer declaraciones

de amor

de odio

de guerra

de apatía

de lo vanguardistas que somos porque todo nos vale,

de lo equivocados que están todos los otros.

Lo más importante

no está dicho

y, según parece, saldrá de nuestra boca.

Seas boli.

Empresa familiar

Saturday, July 6th, 2013

Una mañana amanece una con los ojos bien abiertos.

Se es perfectamente capaz de categorizar a todos los miembros del grupo:

- la que tiene permiso para ser loca,

- el que tiene permiso para ahogarse en un vaso de agua,

- el que puede gritarle a todos los demás que son unos inútiles,

- la que llora,

- el que puede darse el lujo de no tener aspiraciones,

- la que sabe que nunca será suficientemente buena, a pesar de todo,

- el que se droga 24/7 mientras todos fingen que en la casa no hay adicto,

Una se despierta con la certeza, completa, tangible, absoluta y tremenda de que,

en este juego, todo el mundo saldrá perdiendo.

No hay ganadores, nadie sabe lo que hace.

En el fondo, hay un entendido perverso sobre la equivocación:

en esta empresa, ser disfuncional se perdona,

porque es una empresa de prueba y error.

23

Wednesday, May 29th, 2013

A mí me recibió el año 80 en una casa manuda, con la Liga campeón. No se podía hablar de otro que no fuera Alajuela, equipo de los amores de mi señor padre, quien hasta el día de hoy se enferma cuando la Liga pierde. Yo había descubierto la pasión en el 86, de la mano de ese señor envenenado, apasionado y chichoso que no va al estadio para cuidarse el corazón, así que se imaginarán lo difícil que fue mi vida como herediana enclosetada en esa casa en la que se venera, hasta el día de hoy, a la santísima trinidad: Alejandro Morera Soto (el padre), Alejandro González (el cancerbero) y Vílmer López (el arquitecto).

Mi primer campeonato nacional lo celebré a escondidas, en la casa de mis padrinos y en diferido, cuando el tín le ganó a Cartago en la final del campeonato 92-93. Tenía 12 años y, como toda chiquita preadolescente, me parecía maravilloso meterle el puñal por la espalda a mi papá (sin que él se diera cuenta, obviamente) yendo con el equipo de padrino León Víctor. O sea, que comencé a ir con Heredia, de manera consciente, justo cuando Heredia decidió dejar de ganar. Desde entonces, desarrollé un talento manifiesto para la resignación, y me dediqué a ser fan silenciosa de ese equipo rojiamarillo de la que, antes de que un mall quemara el nombre, llamaban “Ciudad de las Flores”. Así me imaginaba a Heredia: una ciudad un poco más grande que el centro de Pérez Zeledón en la que todo el mundo tenía miles de flores sembradas en el patio y los parques parecían un capítulo de Ángel.

Fue hasta el año 2007 que me atreví a encarar a mi papá. Después de muchas vueltas, y como quien anuncia su orientación sexual en un almuerzo de familia católica tradicional, le dije: “papi, yo soy herediana”. No hubo silencios incómodos ni miedo a represalias posteriores. La reacción de él fue bastante predecible: “yo no sé de dónde salió usted con esa vocación de perdedora”. Las represalias se siguieron por los siglos de los siglos: en el torneo invierno de ese mismo año, en el que Saprissa se quedó con la copa, mi papá se mató de risa en mi cara. En invierno 2010, que nos ganó la Liga, mi papá se mató de risa en mi cara. En invierno 2011, que nos volvió a ganar la Liga, mi papá se mató de risa en mi cara. En verano 2012, volvimos a ganar una final después de la eternidad completa. Yo lloraba de la felicidad y pegaba brincos y gritos que me dejaron ronca. Mi papá llamó. Recuerdo su voz del otro lado de la línea, interrumpida por los latidos a mil de mi propio corazón. Yo le decía “¡ganamos, ganamos!” como una loca. Mi papá se mató de risa en mi cara. Me dijo “nos vemos en invierno”. Efectivamente, en invierno 2012, la Liga nos volvió a ganar el campeonato.

Este año ha sido un año un poco distinto. Yo saboreaba la reciente victoria metida en mi casa, porque para mí esa payasada de los torneos de verano/invierno, es puro cuento. Había fingido por meses que no existió la fatídica final de invierno 2012. Ustedes me entenderán: yo no tengo muchas glorias pasadas de las cuales vivir, como los saprissistas, que últimamente solo de eso viven… Nunca veo el inicio del campeonato nacional porque me duele ver a Pérez Zeledón pediendo gas y cagándose a la salida, como una vaca. Ignoré, pues, partidos de toda índole, comentarios hirientes de mis amigos, y cualquier conversación con mi papá que pudiera terminar en carcajada suya en cara mía. Cartago nos ganó el partido de ida. Mi papá se volvió a reír en mi cara. El corazón se me hizo un puño por unos minutos, porque en el fondo yo quería celebrar un campeonato en la casa. Ganar en el Rosabal. Celebrar en grande. Pero Cartago nos aplicó lo que la prensa dio en llamar una  “hombrada”. Nos hicieron mierda. Acabaron con nosotros. Tenían de su lado un ejército de ángeles y querubines rosados, comandados por la sacrosanta negrita.

Por un momento, a todos se nos olvidó el muñeco. Me enfermé de la presión al mejor estilo de mi señor padre. Tuve que coger cama y no fui al estadio el sábado. ¿Cómo ir? ¿Cómo sentir la cartagada traspasarse por ósmosis al Rosabal Cordero, y sufrir la condena de pasar los próximos 72 años sin ver a Heredia campeón? Me quedé en la casa. Encendí la tele vieja de mis papás, que parece un tostador de pan y tiene perilla para pasar los canales. Me senté sin ganas a ver el partido en el que cual nos íbamos a convertir en solemnes perdedores para siempre jamás. Antitos de las 7, recibí el mensaje de Chaves: “En el Rosabal Cordero”. Lo envidié vilmente y supe, en ese preciso instante, que pasara lo que pasara, íbamos a ganar. Cartago lo dejó ver desde el minuto uno: la negrita y los querubines habían celebrado el campeonato por adelantado, toda la semana, y no fueron a entrenar. Hubo que dejarlos en banca. Nunca hubo una afición con tanto corazón como la cartaga, ni un equipo tan descorazonado como el dirigido por Javier Delgado. Era predecible: contra toda la lógica, Cartago se la aplicó a sí mismo. Contra todos los pronósticos, Heredia fue campeón.

Costa Rica hizo un silencio sepulcral el sábado. No sé si era tristeza, sorpresa o resignación. Pero fue la clase de silencio reverencial que se hace ante lo sagrado. No me malinterpreten: sé que lo sagrado no es Heredia. Lo “sagrado” de este cuento es la vocación de Cartago para no poder. Afuera de mi casa, toda Costa Rica nos odiaba y lloraba con ese llanto insufrible y típico de los ticos cuando “es que pobrecito”. “Pobrecito Chema Figueres, que no come tamal en navidad”. “Pobrecito el Padre Mainor metido en la cárcel, si él es un santo”. Pobrecito el diablo, Costa Rica: pobrecitos todos los que fueron con Cartago por lástima.

Y he ahí mi persona, sin poder creerlo, metida en la casa, una vez más. Sin estar en el Rosabal Cordero. Dos campeonatos de verano seguidos después de más de veinte años, sin saber cuándo se volverá a repetir el milagro, y yo metida en mi casa. Recitándole al pobre adriancoto los nombres que recordaba de la alineación del 87, nuestro campeonato #20: Carlos Camacho, Alexis Rojas, Roberto Carmona, Marvin Obando, Norberto Huezo, Javier Wanchope, Claudio Jara, Sivianny Rodríguez…

Ayer me enteré de que este viernes se celebra el 23 en el Rosabal Cordero. Habrá música, fotos, autógrafos, presentación del fichaje para el torneo de invierno. Mi primer campeonato del Club Sport Herediano lo celebré en diferido. También le habíamos quitado la copa de las manos a Cartago. Lo mío es llegar tarde a la fiesta. Pero esa foto con el Mambo Núñez, me la tomo aunque llueva.

Viva Heredia, malparidos.

 

 

noche tibia

Wednesday, March 20th, 2013

Mi pasado fue

tan poco prometedor

como tu futuro.

Amigas

Tuesday, March 12th, 2013

Todas queríamos ser la misma persona

Para gustarnos entre nosotras.

El tiempo era una carrera en la que

competíamos por ser la más parecida a las demás

y un día, cansadas, mirando hacia atrás

descubrimos

lo diferentes que éramos por dentro

y lo iguales que nos veíamos.

En el fondo,

luchábamos por preservar

entre todas

un solo rostro, uno solo

que no se nos fuera de las manos.

Sin saberlo nos preparábamos para hacernos grandes.

Sin saberlo nos preparábamos para hacernos únicas.