tres postales tristes
Wednesday, January 30th, 2008*Primero, solo escucho el frenazo: luego el golpe seco y un grito de dolor. Cuando volteo a mirar, el perrito acaba de salir de entre las llantas del taxi y corre despavorido hacia la acera. Dobla en la esquina y no lo veo más. Frente a mí, del otro lado de la calle, el taxi sigue encencido pero no se mueve. Me acerco lentamente. Adentro, con las manos en los ojos, el taxista llora amargamente.
* El señor camina sobre la calle empujando su carrito como una maldición. El carrito es un carrito de supermercado, incómodo, que no cabe en el pedacito de calle que queda entre los carros y el cordón de caño. El señor, como un maldito, empuja este carrito y se atasca en las mismas presas que los carros, y tiene que esperar a que cambie la luz del semáforo, y en su cara se adivinan unas ganas espantosas de mandarlo todo a la mierda y sentarse debajo de un árbol. El carrito está lleno de sandalias baratas, que cuelgan por todas partes: sandalias de cuerina, de hule, de tela… sandalias de porquería que no puede dejar tiradas en la presa para caminar hacia el poniente… porque tiene que venderlas para comer.
* Veo pasar, por la acera del frente, a la mujer de mi vida tomada de la mano de un hombre más guapo que yo.

