Archive for July, 2008

Carta al hombre muerto

Monday, July 28th, 2008

Se preguntará por qué le escribo después de tanto tiempo. No es nada, solo que hoy pasé frente a su casa, la casa en la que tantas tardes como esta vimos la lluvia caer por la ventana y lavar el cielo gris de la ciudad aburrida y triste. Recuerdo un beat beat incesante en su pequeña radio, la batería de cocina con una sartén de tallarines encima, el basurero siempre lleno de papeles, el piso cubierto siempre de papeles y aquella necedad suya de traer a sus amigos artistas a interrumpir nuestras tardes de sexo con sus tontos dibujos en las paredes desnudas.

En fin, le decía que, como ahora que llueve a torrentes y el tráfico me atrapa en la oficina, pasé por su casa, que casi era mía: de repente me sorprendí masticando uno que otro recuerdo tonto y echando en falta la cortina aquella que usted había colgado con clavos en la ventana, y de ahí me fui andando en puntillas hasta su insistente terquedad por no tener cama y mi decisión -tomada a las carreras, con mucha filosofía y dolor de ojos- de nunca más juntarme con un hombre sin cama. Recordé mi taza favorita encima de su mesa, mis medias en la esquina, sobre una pila de libros, mis ojos dibujando rostros y animales con las manchas de humedad del techo, sus manos torpes de burro joven que nunca supieron tocarme… Tantas cosas se me vinieron a la cabeza, hombre muerto, que mientras escribo me río un poco y lloro otro tanto. De alegría por nunca más tener que hacer el amor escuchando a Silvio Rodríguez y recitando el abecedario. De tristeza porque usted fue el primer hombre de mi vida y me dijo tantas mentiras como estrellas hay en el cielo. De pena porque el día que me fui usted me dijo que nunca nadie te hará sentir lo que yo te he hecho sentir. De lástima porque una vez más, como todo lo que alguna vez me dijo (del amor al odio, pasando por el olvido) eso tampoco era cierto.


El pequeño demonio de ojos encendidos II

Monday, July 21st, 2008

Ella me dice que mejor me aleje de vos. El cuartito de piedra apesta a sahumerio y la silla me empieza a quedar incómoda como un chaleco grande y arrugado. Las cartas están regadas sobre la mesa de madera, y aunque no entiendo nada, quiero decirle que se equivoca, que evidentemente vos sos bueno, y que me querés, y que jamás me dejarías por aquella pelafustana. Pero una ataraxia extraña me paraliza la lengua y me traba las palabras en la boca. Por la ventana veo una nube de cuervos que no se acaba, que vuela haciendo espirales mientras su graznido ensordecedor me atonta hasta el miedo. La mujer tiene una suerte de poder que no comprendo, que hace aún más ridícula la situación en la que me encuentro. Como si leyera mi pensamiento, me dice que vos sí sos capaz de dejarme por aquella. Que ya lo estás haciendo. Yo tengo un nudo en la garganta. Me maldigo en silencio por haber venido, por haber querido escarbar en ese pozo de silencio que son tus ojos. Evidentemente, comienzo a pensar que el solo hecho de estar aquí desconfiando de vos hace que me merezca lo que esta mujer seria y parsimoniosa, con pose de bruja profesional, me dice. El sahumerio apesta cada vez más y mis dos billetes de 10 se posan tranquilamente sobre la mesa. Me levanto para irme, pero ella dice con voz retumbante que aún no ha terminado. Así que me siento de nuevo a esperar la estocada final en la que llego a casa y estás con aquella, acostado en nuestra cama, mientras la mujer parsimoniosa me regresa a una tarde de hace 5 años en la que me pareció estúpido meterme en tus asuntos y nada más dije “Nada, no hagas nada. Ya se me pasará, vos, tranquilo”.

Bienvenids

Thursday, July 3rd, 2008

Página en construcción.