*Podría decir que lo sé, que lo tengo claro. Y que todos estos años que llevo a cuestas no son más que la confirmación de que los días no pasan en vano. También podría sentirme importante por el montón de horas que me han ajado las manos, y orgullosa de las arrugas que aún no tengo pero ya llegan. Y afirmar, decididamente y sin miedo a los juicios de valor propios o ajenos, que soy mejor, más inteligente, más guapa. Pero eso ya lo sabemos, pequeña. Sin cargas semánticas de por medio, siéntese y aprenda.
* Dos veces al año, una cuando hace mucho calor y otra cuando hace mucho frío, recuerdo que you are no longer here. Cocino un pan de centeno y otro de avena, corto el queso y me siento a roer el silencio que irremediablemente llena el vacío de tu voz. No lo evito aunque duele: también hay buenos recuerdos.
* También me siento a burlarme de las mujeres que se sienten ajenas a sentimientos prosaicos como la envidia o los celos: esas son las que peor disimulan la sordidez del espíritu humano. Todas hacemos dieta, todas nos vemos en el espejo, a todas nos preocupa lo que dirán, en la intimidad de su habitación, nuestro ex y su nueva novia, y en el fondo, aunque no lo reconozcamos nunca, deseamos ser el punto velar de su conversación, irrumpir obscenamente en los recuerdos de él. Estar ahí para ver la reacción de ella cuando él, por pura equivocación, la llame por nuestro nombre.