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Los males posmodernos 3. Las redes sociales

Friday, April 23rd, 2010

En dos platos, la irrupción de lo prosaico es cosa de unos cuántos tecleos sentimentales, a veces ebrios, un poco chafa, medio marica… la irrupción de lo prosaico es cosa de pensar que, por alguna razón inexplicable, hay gente para la que uno fue igual de importante, que te recuerda cuando se pasa de tragos, que se pregunta por lo menos 3 veces al año qué estarás haciendo… y que se sueña con vos.

Está el excompañero de la escuela, aquel al que una amó con locura de los 8 a los 12 años  y quien desapareció entre las brumas de una perdida gradual de la memoria. Yo no me culpo, pero muero de la envidia: hay gente  que tiene un pasado impresionante sobre el cual escribir. O un pasado cualquiera, que por pasado me parece impresionante (a mí que tengo 5 recuerdos vívidos de mi niñez que ya exprimí de la forma más vil en toda clase de cuentos hiperbólicos y revisitas metafóricas). El compañero de la escuela, al que una dejó de ver a los 13 años. El compañero que vivía justo del otro lado de la calle, en un barrio medio escondido. Que se casó con otra. Que nunca supo. Que no te ha visto nunca de grandes. Que debe tener aproximadamente 22 años de no acordarse de vos.

Topárselo en facebook. Cagarse del susto. Verlo más guapo, justo como una pensaba que iba a estar después de tantos años. Estalkearlo lo más posible antes de caer en la estúpida tentanción de enviarle la solicitud de amigos. Morirse de la pena mientras le envía la solicitud de amigos. Desconectarse el resto de la noche en ofrenda masoquista al pasado. Conectarse a la mañana siguiente con la ansiedad golpeteando todos los rincones del rostro: eso, ponerse roja como una chupachups, abrir la computadora, escoger entre el correo y el facebook, hacerlo todo despacio… En efecto, el agua limpia que lava los cristales esos de los recuerdos viejos y empolvados. Y sí, sí se acuerda, sí aceptó la invitación, y hasta te escribió en el muro… el corazón se sale por la boca, golpea las sienes. Las manos sudan. Y ahí está él, adicto a farmville pidiéndote clavos para construirle un nuevo corral a su ganado. Justo como en la escuela, que a veces se te acercaba por detrás y cuando ya te ibas a poner a llorar por la congoja de ese amor punzante y raro, de los que solo se sienten a los 9 años, el hijodesumadre te pedía prestada la tarea de matemáticas.

Así, porque todo lo malo perdura, la desazón de los primeros aleteos amorosos te sume en una breve depresión post vida. Patadas por el culo al imbécil que dijo que todo tiempo pasado fue mejor.