Se llamaba Marco

El chico que tiene la culpa de mi fracaso como bailarina de salón entró a mi escuela en 1991. Teníamos once años y él apareció de la nada, con su sonrisa misteriosa y airecillo de mae ya hecho y derecho que me robó el corazón. Mi clase estaba en un segundo piso, y desde el balcón del pasillo me dedicaba a mirarlo durante todo el recreo -ya sin ganas de jugar “quedó” o saltar la cuerda, y mucho menos rayuela o esas cosas de crío-. Lo miraba pasar y se me llenaba el pecho de aire, lo seguía de vez en cuando al salir de clase y fantaseaba con caminar de su mano por la calle. Fue mi primer amor, grande y secreto, amorazo de cuento, con sueños despierta mientras reposaba las tardes acaloradas a la sombra de un nancite en flor. De esa época recuerdo los tonos ocre que hoy llenan mi casa nueva (pequeños retrocesos involuntarios de la mente hacia el lugar donde has sido infeliz por el primer desprecio).
Se llamaba Marco. Su familia se había mudado nuestra calle.
Lo amé como solo puede amar una mujer que nunca ha amado, con la certeza de que no hay esperanza alguna y la esperanza de que la certeza no sea tan cierta.
Una tarde de agosto de 1992, cuando ya estábamos a punto de pasar de “gente cool” de sexto grado a “mostacilla cualquiera” de algún colegio público, me acerqué cautelosa al salón de actos, algo maquillada y con mi vestido azul… era día de baile y yo había practicado toda la semana. Mi hermano -que baila menos que yo- me enseñó algunos pasos de salsa y merengue y durante días y días estuve concentrada en acumular el valor… Ese era el día. Hacía un calor del demonio y me sudaban los pies y las manos…
Me acerqué tímidamente a un grupo de chicos que conversaban con animación “-¿quiere bailar?”, le pregunté. “-No gracias”, respondió sin siquiera voltearse a verme.
Corrí a casa llorando y desde entonces no bailo; bueno, en realidad nunca aprendía a bailar… Aunque últimamente me animo un poco después de unos cuantos whiskys y solo si alguna buena amiga que baila muy bien acepta llevar el compás.

8 Responses to “Se llamaba Marco”

  1. Itarille Faelivrin Says:

    Cosas que la marcan a una…

  2. El Papa Oso Says:

    Esa no me la sabia… dicen que el pasado marca o nos servirá para dar excusas… tal vez, nunca es tarde para aprender… a bailar ;)

  3. furia Says:

    cosas que la marcan a una de por vida… yo solo puedo bailar con mujeres…

  4. Bandidocr Says:

    Que estas haciiendo ahi? Con esa educación y ese talento buscate un buen brete y volaaaaaaaaaaaaa!

  5. lau jau Says:

    Whiskies! eso era lo que ocupaba.

    Ya lo veremos!

  6. Furia » Blog Archive » Datos inútiles. Parte I Says:

    [...] tal. Seguro lo de exótico lo asociaba con algo ruso, o turco… no sé. El sueño se me acabó cuando lo de Marco,  y la verdad que nunca aprendí a bailar. Ya por esa época, en secreto, las Misfits me caían [...]

  7. naty Says:

    en la academia somos solo mujeres…. y a muchas las he visto transformarse, ningún tipo se atravería a decirles q no quiere bailar con ellas… ;)

    por si se le ofrece! ;) jeje

  8. odalisca Says:

    De esta lado del mundo y en este idioma hacen mucha falta estos blogs, muchas gracias por compartir tus conocmientos. danza del vientre Gracias de verdad

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