Retrato de muchacha en tranvía, sentada del lado de la ventana
Sobre la mesa, descansa el vaso olvidado de mermelada. Sin tapar, como siempre, y con una mosca grande, de alas azules, escarbando con sus patas peludas por encima la tapa. La tostada sigue en el suelo, con la mermelada de cara al piso. Usted, sentado en la silla de hierro que da a la puerta de atrás, tal vez espera a que el perro se coma la tostada, o a que yo la recoja. Ninguna de las dos cosas pasa: el perro está en el patio, en febril lucha contra un helecho medio seco. Yo estoy en el baño, y acabo de abrir la ducha.
¿Que por qué conozco la posición exacta de la tostada esa? Acabo de pasar de nuevo a su lado, intentando rozarle el brazo con las dos nalgas. Como tocar a un muerto: nada. El vecino escucha una canción pésima, interpretada por Mercedes Sosa. Yo la tarareo sin querer, y sé que la seguiré tarareando el resto del día. Cuando salgo del baño usted se mantiene ahí mismo, donde lo dejé. Sigue mirando hacia quién sabe donde, y pensando en quién sabe qué.
Me apuro un poco con la ropa sucia, la secadora de pelo, los zapatos que no me voy a poner. Siempre me toca salir corriendo, mientras usted se toma todo el día, todo, para decidir si sale corriendo o no. Lo que dicen de nosotros, el reflexivo y la pragmática; el pasivo y la dominante; el lento y la rápida. Salgo corriendo, sin pensarlo mucho. Me olvido de su tostada, de darle un beso y desearle un buen día, de limpiar la meada del perro.
La pragmática. Ser como soy y lo que eso implica, Jake. Estar con usted porque es práctico: casi no habla, nunca pregunta nada, siempre se queda mirando cómo me voy y ya. Sus manos de dedos largos, esa manía de desarmarlo todo nada más para ver cómo era por dentro. Su lentitud, siempre reflexiva, siempre perezosa, que ha hecho que la gente dude de su existencia en mi vida porque nunca, por nada, nos asomamos juntos a la calle. Estoy sin estar Jake. Porque ya lo decía mi abuela, que las aguas mansas. Porque no puede ser posible que no haya factor sorpresa en su vida. Porque tiene que llegar el día en que abra los ojos y vea.
Tengo, en el armario del zaguán, una maleta a medio hacer. Siempre que necesito algo lo saco, y después vuelvo a meterlo. Porque sé que un día de estos, cuando llegue cansada del trabajo, usted va a estar súbitamente despierto, con una mujer muy guapa entre los brazos. Porque nadie puede ser tan sospechosamente aguamansa…
Cuando comencé a vivir sola, Jake, dejaba al pequeño perro ahí encerrado, haciendo desastres. Me gustaba imaginar cómo se portaría el perro una vez que la puerta se cerraba a mis espaldas. Pero siempre tenía un poco de prisa, así que nunca me fijé. Ahora que estoy en la calle, mi abuela me dice al oído lo del agua mansa, y me dan una ganas tremendas de devolverme sobre mis pasos para ver, si de una vez por todas, si usted se levantó a juntar del piso esa puta tostada.
Pero ya es muy tarde, Jake: o tal vez siempre lo fue.
October 3rd, 2009 at 8:56 am
¡aplausos!
October 3rd, 2009 at 9:02 am
Buenísimo.
Doloroso.
October 3rd, 2009 at 10:51 am
este definitivamente es de mis favoritos
October 11th, 2009 at 3:55 pm
Aplausos. Simplemente, aplausos
October 12th, 2009 at 8:05 am
me encanto. lo lei 3 veces y lo seguire leyendo. Furia = toa.
October 19th, 2009 at 1:54 pm