Los márgenes

El pasado I.

Detrás de la puerta de la cocina golpea la brisa de la tarde. Yo estoy sentada en sus regazos, él está sentado en la esquina, con la espalda contra la pared. Sopeso el calor de su mano sobre mi pierna de 16 años, mientras finjo que sí quiero que sea él quien me  coma el virgo. Ese muchacho, un poco mayor que yo y siempre muy dado al amor dramático, ahora tiene un hijo de 13 años que bien pudo haber sido mío. Nos topamos poco, y él me parece un poco triste. Y yo no tengo un hijo de 13 años, no puedo explicarle bien qué hago de mi vida y en medio de nosotros, como siempre, se abre un abismo de profundidad increíble, igual que el día en el que nos chocaron las palabras contra vidrios y me fui sin mirar ni una vez atrás pero con la seguridad absoluta de que él estaba llorando. Como esta tarde.

El pasado II.

Yo nunca quise, ni por un acaso, que las cosas terminaran de esa forma. He construido innumerables estructuras de papel sobre pisos falsos, a la intemperie, y todas terminan irremediablemente rotas a manos de algún malentendido, de algún inepto, de algún fracaso. No ha habido excepción para confirmar la regla: siempre entré al partido con dos jugadores menos, con las piernas cansadas, en cancha ajena, con la afición y el árbitro en contra. Pero hubo una sola vez en la que iba ganando a cinco minutos del pitazo final, y estuve, cual cartaga, a punto de creérmelo. Esa vez bastó un descuido para  volver a casa y encontrar mi estructura regada por el piso, 2 a 1 en tiempos extra, mi tristeza a cuestas, un poco de frío, volver a fumar y el sueño recurrente en el que él me decía que todo había sido un malentendido, que regresara, que me quería mucho… Nunca más y todavía.

El pasado III.

Esta soy más bien yo que acecho. Ella me mide y remide mientras lo sujeta con fuerza del brazo. Y no puedo disimular la sonrisa maléfica. Me mide. La analizo desde diversas perspectivas en las que ella está más flaca, pero yo más rica. Ella está más joven, pero yo no tengo acné. Ella está más morena, pero yo tengo la piel de un solo color, de arriba a abajo, comenzando por la cara. Me odia. La odio. No la odio: me da lástima. Y supongo que es igual para ella: que para ser pasado, ojalá haber sido peor.

Los márgenes.

En la noche me entra el frío de la cama sola. Nunca más mía (la cama) que hoy.

El futuro.

Nunca sale bien lo que se planea, que en este caso es igual que no llegar a ser. O a estar, que no es lo mismo. Pongamos que un muchacho me sopla levemente el cuello en la cola del banco. Me volteo y lo miro. Él sonríe. Yo sonrío. Afuera hace sol. Después uno está viendo llover en la cama del otro. Y al día siguiente hace irrupción en nuestras vidas la certeza de los márgenes. Y del otro lado de la línea nadie contesta. Y nadie quiso hacerle daño a nadie pero al final nos hicimos mierda los dos. Y antes de que todo eso pase, mejor hacerse a un ladito y en el camino decir algunas cosas que duelan, como idiota, la próxima clase te la cobro, o yo no estoy enamorado de vos. Y antes de que todo eso pase, decir que soy fría. Para después no darme golpecitos furiosos en la sien repitiendo que todos hacemos aquello que nos prometimos no hacer más, nunca más en nuestra vida. Todo por planear, como si no se supiera que así las cosas siempre salen peor que mal.

13 Responses to “Los márgenes”

  1. Ameyal Says:

    Son todos y uno a la vez. Tras el rostro que se tiene al frente, se cubren cobardes o descarados todos aquellos que una vez tuvimos también de frente… o que nunca pudimos tener.

    Siempre me ha gustado tanto leerte. Unas veces más, otras menos, pero suele haber algo que me hace sentirme ahí en esas letras.

  2. Federico Says:

    ¡maravillosamente refrescante! Inteligentes, introspectivos, simpáticamente cínicos… y principalmente, superbamente bien escritos! Seguí adelante!

  3. furia Says:

    Ameyal: ciertísimo lo que apuntás. Lo divertido es que a veces ni nos damos cuenta. Muchas gracias por tu comentario, me alegra que pasés por acá de vez en cuando.
    Federico: gracias por visitarme, qué bueno que te gusta el blog :)

  4. Jen Says:

    me encantó éste!

  5. vlad Says:

    Hey, que buenas pinceladas, leerte mientras la cocina se va llenando de sabores sigue siendo una actividad refrescante

  6. tetrabrik Says:

    salú

    nos vemos en zapote

  7. cHoli Says:

    Espero no encontrarme nunca con mi yo del pasado. Parafraseándola… “que para ser futuro, ojala hubiera sido peor…”

  8. furia Says:

    Jen: me encantaría verla, pero eso mejor se lo digo en el chat :P
    vlad: no se te vaya a quemar el guiso ;)
    tetrabrik: no lo vi… jajajaja
    choli: al contrario, encuéntrese de vez en cuando con ese mae, él le va a ayudar a recordar que hoy usted es una mejor persona, jajajaja.

  9. vlad Says:

    Doña Furia, no se preocupe, que estimo eso no ha de pasar y si pasara quizás, solo quizás no sea algo tan grabe, sino mas bien un recordatorio del necesario cambio de recetas :-)

  10. cHoli Says:

    Ahí está el punto, jejeje, debí haber sido peor persona… :P

  11. arqui Says:

    “todos hacemos aquello que nos prometimos no hacer más, nunca más en nuestra vida.”
    es cierto…
    hace muchos años, tantos que ni recuerdo prometí no hacer lo mismo que mi padre hizo alguna vez… y sin embargo, ahora lo estoy haciendo con la total certeza que eso es lo que quiero hacer sin importar el costo doloroso que después tendré que pagar…
    que vueltas da la vida!

    maktub.

  12. Metztli Says:

    Y yo pensé que era etapa superada…

  13. admin Says:

    vlad: menos mal…
    choli: temas de perspectiva ;)
    arqui: ya lo dijiste vos, qué vueltas da la vida. Feliz año!
    metztli: y pensó bien.

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