Conversaciones con el sicoanalista. Parte XIII

Doctor: ay no. No, no, no.

Furia: cállese, doctor. Aquí la que paga para hablar soy yo. Y pago bastante, por cierto, sin que usted facture: así cualquiera.

Doctor: mala actitud. Pésima actitud.

Furia: no joda. Escuche. Ustedes, los hombres, son todos iguales. Lo que buscan es un oído para descargarse. Todos quieren un oído para descargarse, pero están sordos.

Doctor: anda muy preciada, señorita.

Furia: y usted muy idiota, doctor. Ahora déjeme hablar, que aquí mi tiempo vale oro, literalmente.

Doctor: de acuerdo, de acuerdo. Cuénteme, señorita, ¿qué pitos toca?

Furia: I see what you did there. De momento, ninguno. Estuve tocando un pito recientemente, doctor. Pero el muchacho salió pendejo.

Doctor: ¿ah sí? ¿Y con qué pendejada le salió?

Furia: una de las típicas, doctor. Típica de mocoso majadero. De los que prometen hasta que meten y una vez metido, olvidan lo prometido.

Doctor: se le sale el ramonense por todas partes, señorita…

Furia: ¡Silencio! Véame, doctor. Soy una mujer interesante, madura, profesional. ¿Por qué tengo que sacrificar mi inteligencia en aras de la felicidad?

Doctor: ¿a usted le parece que las mujeres tontas son felices?

Furia: ¿Y qué otra cosa podría estar pasando, doctor? Yo lo que necesito es una sicóloga. Usted es una bestia.

Doctor: la percibo premenstrual, señorita.

Furia: y yo a usted lo percibo impotente, doctor. Pero no es de eso de lo que venimos a hablar, ¿o sí? Le pongo este caso: ayer justamente iba yo por la calle, un poco acongojada porque todos los hombres son unos animales, y me topo con esta chica que fue mi compañera en el secundario. ¿Qué cree? Se casó con un médico pro-vida. Tiene tres hijos. Se aguanta todo el día la cantaleta de un zafado que reniega contra los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. ¿Y qué le parece? Se ve contenta. Se siente contenta. Se le sale la contentera por los poros. Si yo fuera así de idiota sería muy feliz.

Doctor: y no tendría que venir aquí, señorita. Siempre se lo he dicho: busque la felicidad. No la rechace, no reniegue de ella.

Furia: doctor, usted es una completa bestia. Pobrecita su mamá.

Doctor: otra vez con mi mamá. ¿Qué es lo que tiene con mi mamá?

Furia: sin duda alguna, mucho menos de lo que usted tiene con ella, doctor.

Doctor: déjeme en paz. Usted es así, una solterona amarga. Una frustrada. Una histérica que se hace la interesante. Pero en el fondo, los dos lo sabemos: ¡usted no quiere coger con nadie!

Furia: veo que se proyecta, doctor. Lo veo y entiendo que usted no toca pitos ni pitos le tocan.

Doctor: váyase al carajo, señorita.

Furia: depende, doctor. ¿En el carajo habrá hombres que una se pueda tomar en serio?

2 Responses to “Conversaciones con el sicoanalista. Parte XIII”

  1. Fernando Says:

    Jajaja me encantó esto

    “una de las típicas, doctor. Típica de mocoso majadero. De los que prometen hasta que meten y una vez metido, olvidan lo prometido.”

  2. Ricardo Says:

    Muy bueno este diálogo entre Furia y el doctor. No paré de reir! Me encantó :)

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