23

A mí me recibió el año 80 en una casa manuda, con la Liga campeón. No se podía hablar de otro que no fuera Alajuela, equipo de los amores de mi señor padre, quien hasta el día de hoy se enferma cuando la Liga pierde. Yo había descubierto la pasión en el 86, de la mano de ese señor envenenado, apasionado y chichoso que no va al estadio para cuidarse el corazón, así que se imaginarán lo difícil que fue mi vida como herediana enclosetada en esa casa en la que se venera, hasta el día de hoy, a la santísima trinidad: Alejandro Morera Soto (el padre), Alejandro González (el cancerbero) y Vílmer López (el arquitecto).

Mi primer campeonato nacional lo celebré a escondidas, en la casa de mis padrinos y en diferido, cuando el tín le ganó a Cartago en la final del campeonato 92-93. Tenía 12 años y, como toda chiquita preadolescente, me parecía maravilloso meterle el puñal por la espalda a mi papá (sin que él se diera cuenta, obviamente) yendo con el equipo de padrino León Víctor. O sea, que comencé a ir con Heredia, de manera consciente, justo cuando Heredia decidió dejar de ganar. Desde entonces, desarrollé un talento manifiesto para la resignación, y me dediqué a ser fan silenciosa de ese equipo rojiamarillo de la que, antes de que un mall quemara el nombre, llamaban “Ciudad de las Flores”. Así me imaginaba a Heredia: una ciudad un poco más grande que el centro de Pérez Zeledón en la que todo el mundo tenía miles de flores sembradas en el patio y los parques parecían un capítulo de Ángel.

Fue hasta el año 2007 que me atreví a encarar a mi papá. Después de muchas vueltas, y como quien anuncia su orientación sexual en un almuerzo de familia católica tradicional, le dije: “papi, yo soy herediana”. No hubo silencios incómodos ni miedo a represalias posteriores. La reacción de él fue bastante predecible: “yo no sé de dónde salió usted con esa vocación de perdedora”. Las represalias se siguieron por los siglos de los siglos: en el torneo invierno de ese mismo año, en el que Saprissa se quedó con la copa, mi papá se mató de risa en mi cara. En invierno 2010, que nos ganó la Liga, mi papá se mató de risa en mi cara. En invierno 2011, que nos volvió a ganar la Liga, mi papá se mató de risa en mi cara. En verano 2012, volvimos a ganar una final después de la eternidad completa. Yo lloraba de la felicidad y pegaba brincos y gritos que me dejaron ronca. Mi papá llamó. Recuerdo su voz del otro lado de la línea, interrumpida por los latidos a mil de mi propio corazón. Yo le decía “¡ganamos, ganamos!” como una loca. Mi papá se mató de risa en mi cara. Me dijo “nos vemos en invierno”. Efectivamente, en invierno 2012, la Liga nos volvió a ganar el campeonato.

Este año ha sido un año un poco distinto. Yo saboreaba la reciente victoria metida en mi casa, porque para mí esa payasada de los torneos de verano/invierno, es puro cuento. Había fingido por meses que no existió la fatídica final de invierno 2012. Ustedes me entenderán: yo no tengo muchas glorias pasadas de las cuales vivir, como los saprissistas, que últimamente solo de eso viven… Nunca veo el inicio del campeonato nacional porque me duele ver a Pérez Zeledón pediendo gas y cagándose a la salida, como una vaca. Ignoré, pues, partidos de toda índole, comentarios hirientes de mis amigos, y cualquier conversación con mi papá que pudiera terminar en carcajada suya en cara mía. Cartago nos ganó el partido de ida. Mi papá se volvió a reír en mi cara. El corazón se me hizo un puño por unos minutos, porque en el fondo yo quería celebrar un campeonato en la casa. Ganar en el Rosabal. Celebrar en grande. Pero Cartago nos aplicó lo que la prensa dio en llamar una  “hombrada”. Nos hicieron mierda. Acabaron con nosotros. Tenían de su lado un ejército de ángeles y querubines rosados, comandados por la sacrosanta negrita.

Por un momento, a todos se nos olvidó el muñeco. Me enfermé de la presión al mejor estilo de mi señor padre. Tuve que coger cama y no fui al estadio el sábado. ¿Cómo ir? ¿Cómo sentir la cartagada traspasarse por ósmosis al Rosabal Cordero, y sufrir la condena de pasar los próximos 72 años sin ver a Heredia campeón? Me quedé en la casa. Encendí la tele vieja de mis papás, que parece un tostador de pan y tiene perilla para pasar los canales. Me senté sin ganas a ver el partido en el que cual nos íbamos a convertir en solemnes perdedores para siempre jamás. Antitos de las 7, recibí el mensaje de Chaves: “En el Rosabal Cordero”. Lo envidié vilmente y supe, en ese preciso instante, que pasara lo que pasara, íbamos a ganar. Cartago lo dejó ver desde el minuto uno: la negrita y los querubines habían celebrado el campeonato por adelantado, toda la semana, y no fueron a entrenar. Hubo que dejarlos en banca. Nunca hubo una afición con tanto corazón como la cartaga, ni un equipo tan descorazonado como el dirigido por Javier Delgado. Era predecible: contra toda la lógica, Cartago se la aplicó a sí mismo. Contra todos los pronósticos, Heredia fue campeón.

Costa Rica hizo un silencio sepulcral el sábado. No sé si era tristeza, sorpresa o resignación. Pero fue la clase de silencio reverencial que se hace ante lo sagrado. No me malinterpreten: sé que lo sagrado no es Heredia. Lo “sagrado” de este cuento es la vocación de Cartago para no poder. Afuera de mi casa, toda Costa Rica nos odiaba y lloraba con ese llanto insufrible y típico de los ticos cuando “es que pobrecito”. “Pobrecito Chema Figueres, que no come tamal en navidad”. “Pobrecito el Padre Mainor metido en la cárcel, si él es un santo”. Pobrecito el diablo, Costa Rica: pobrecitos todos los que fueron con Cartago por lástima.

Y he ahí mi persona, sin poder creerlo, metida en la casa, una vez más. Sin estar en el Rosabal Cordero. Dos campeonatos de verano seguidos después de más de veinte años, sin saber cuándo se volverá a repetir el milagro, y yo metida en mi casa. Recitándole al pobre adriancoto los nombres que recordaba de la alineación del 87, nuestro campeonato #20: Carlos Camacho, Alexis Rojas, Roberto Carmona, Marvin Obando, Norberto Huezo, Javier Wanchope, Claudio Jara, Sivianny Rodríguez…

Ayer me enteré de que este viernes se celebra el 23 en el Rosabal Cordero. Habrá música, fotos, autógrafos, presentación del fichaje para el torneo de invierno. Mi primer campeonato del Club Sport Herediano lo celebré en diferido. También le habíamos quitado la copa de las manos a Cartago. Lo mío es llegar tarde a la fiesta. Pero esa foto con el Mambo Núñez, me la tomo aunque llueva.

Viva Heredia, malparidos.

 

 

16 Responses to “23”

  1. chaves Says:

    viva heredia, carepichas!

  2. Moradito Says:

    VIVA SAPRISSA HIJOS DE PUTA

  3. Diego Barracuda Says:

    ¡Viva el monstruo morado, la puta que los parió!

  4. Hincha Herediana Says:

    VIVA HEREDIA hijos de la puta que los parió, vamos por el 24 y por todos los demás. NADIE nos va a parar. Usted señorita tiene una verdadera vocación de CAMPEONA, que dicha que no salió perdedora como su papá. Felicidades!

  5. Gaston Says:

    El mejor cierre que he leído en años.

  6. itzpapalotl Says:

    En mi choza cuando alguien se agueva y se va temprano, todo el mundo le dice: “no se vayan Heredianos”

    Viva la S

  7. Chino Says:

    Excelente!

    Decía uno de esos famosos “memes” que circulan en internet: Heredia gano el titulo, pero Cartago ganó el corazón de Costa Rica.

    No se que es peor: sufrir destiñendo su color de camiseta por un pobrecito ó alegrarse por ser ese de quien toda Costa Rica acompañó por lastima.

  8. mario_me_llamo Says:

    Que grande. Nunca fui fiebre del futbol, le aposte a Cartago (como el resto de Costa Rica pancista) y a pesar de eso goce cada letra. Que chuzo al chile.

  9. chugar Says:

    disfruto siempre tanto todo esto! gracias por las lagrimas adri…

  10. Nidielson DeMello Says:

    Ver a ese montón de hijueputas morados comentando varas de Heredia me hace súper feliz. Muy bonito y yo me escupiría el orto antes de hacerme liguista!

  11. Lizandro Says:

    Simplemente Genial!!!!!

    Mucho con Demasiado!

  12. Sergio Says:

    Soy manudo, periodista y cubro deportes, estoy un poco acostumbrado a ver pasiones deportivas exacerbadas, pero disfrute la historia con una sonrisa inmensa, está buenísima, muy emotiva y con un cierre genial!! Y la verdad que no decís ninguna mentira. Muy fino el relato.

  13. óSCAR Says:

    Mi abuela, nos metió por la venas un terrible amor por los colores rojiamarillos. Una herediana en la diáspora, siempre orgullosa de ser cédula 4 y de su querido Club Sport Herediano. El sábado se hizo la dormida desde las 7:30. Al oír los gritos de imparables de mi tío y primos que estaban en la casa de al lado, cuenta mi tía, nadie la pudo parar. A sus 87 salió sin suéter y en bata, y se fue a celebrar con la familia. Un clan herediano gracias a ella, del que orgullosamente soy parte.

  14. Ana Yancy Says:

    Jaajajaja genial relato…un poco fuerte el final,pero buenísimo un 10!!!

  15. Adriancito Mesita Says:

    VIVA HEREDIA! LOS MORIDOS MORADOS Y LIGUISTAS NO PODRAN HACER NADA PARA EVITAR QUE CELEBREMOS. PODRAN DECIR MILES DE COSAS, PERO AL FINAL LOS HEREDIANOS SOMOS LOS QUE SONREIMOS Y UDS QUEDARON MAMANDO.
    ASI QUE COMAN MUCHA MIERDA, HEREDIA VIVE!

  16. analu Says:

    jajaja ahora hay mil memes con el muñeco. No soy futbolera pero soy lectora, me encantó, y ese final al estilo L. Chaves, otro herediano.

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